Olatz es una de nuestras alumnas de segundo curso de Técnico Superior en Integración Social. Hasta mediados del pasado mes de marzo se encontraba, aún desde hacía muy poco, realizando sus prácticas en empresa en Cruz Roja en Álava.

A causa de la alerta sanitaria por la pandemia del COVID19, miles de alumnos de FP como Olatz tuvieron que paralizar sus prácticas en centros de trabajo.

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Una historia diferente en Cruz Roja de Álava

El proyecto al que Olatz pertenecía en su tan breve periodo de prácticas se desvaneció en cuestión de días al aparecer el estado de emergencia sanitaria.

No obstante, sus ganas por ayudar a los más necesitados y dar lo mejor de sí misma le llevaron a comenzar un nuevo proyecto. Ahora, además, con contrato de trabajo.

Desde cero y casi de forma improvisada por la situación, han habilitado el frontón de Lakua de Vitoria-Gasteiz para acoger a personas sin hogar. Un recurso urgente y necesario para combatir esta situación, permitiendo que los usuarios del CMAS de Vitoria y otras personas sin hogar cumplan con el confinamiento.

Testimonio de Olatz

Cuando hablamos con Olatz para contarnos la situación en Cruz Roja Álava y notamos cómo lo hacía, sentimos muchas ganas de difundir su historia por el ejemplo de solidaridad e implicación que supone.

Así que fuimos un poco más allá, le pedimos compartir su caso y se ofreció a redactar este emotivo texto:

 

A veces, los momentos más críticos y violentos dejan abiertas las ventanas de los cambios.

 

También a veces, el miedo te hace llegar más rápido a tu destino. Tus piernas se erizan y llegan a la inercia del aquí y el ahora, sin cuestionarte, sin titubear ni un solo instante. Ni un mísero segundo.

 

Eso es lo que sentí cuando estando en mi proceso de prácticas éstas se vieron truncadas. La ciudad que había elegido para comenzar una nueva etapa se vio afectada por una pandemia que lejos de mostrarse tímida, amenazaba con destruir las más simples cotidianidades de nuestra vida. Me quitó los tímidos saludos de aquellos que entraban en mi vida por primera vez y me arrancó los besos y abrazos de aquellos que ya estaban y me esperaban cada fin de semana en mi precioso Botxo.

 

Todo cambiaba y yo también lo estaba haciendo. Nos tocó reinventar el departamento al que pertenecía para adaptarlo a los nuevos tiempos y vi como el proyecto al que había comenzado a abrazar se escurría y desaparecía sin inmutarse, sin tan siquiera un “hasta pronto”.

 

Sentí la fuerza imperiosa de volcarme en los nuevos retos que a mis compañeros se les presentaban y se me olvidó mi condición de alumna, la forma y el formato con el que había llegado y me movía por ese precioso edificio de piedra como si fuese una más, dispuesta a entregar mi alma.

 

Cuando me di cuenta, alguien me preguntó si era consciente de que las prácticas se estaban suspendiendo a nivel estatal y mi respuesta fueron mis hombros elevándose hasta mis orejas y un inteligible “ni idea” brotó de mi boca. A pesar de haber pasado una semana de esto, la frenética actividad y el deseo de ayudar y poner lo mejor de mí para el mundo me habían despegado de la realidad.

 

Mi respuesta se alió con una declaración de intenciones improvisada:

 

-No lo sé, pero en cualquier caso yo quiero quedarme aquí y seguir haciendo lo que hago si os soy útil.

 

De allí nació un contrato y un proyecto. Un nuevo recurso que debíamos poner en marcha de cero, gestionar y coordinar al son de una pandemia caprichosa y sin precedente.

 

Hoy, sigo aquí con ese supervisor de prácticas (hoy ya un gran amigo que me llevo) y los responsables de la entidad que confiaron en mí y me dejaron hacer y expandirme en lo que más me gusta hacer. Mano a mano, sin que nos tiemble el pulso, dando más de lo que creíamos poseer y viendo nuestro esfuerzo recompensado cada mañana, cuando a las 8 en punto, 51 sonrisas recién arrancadas de sus lechos, nos dan los buenos días y se guardan el abrazo para más adelante. El eco de ese frontón que ahora es hogar, no deja de emitir un mantra que llega hasta mi casa y que es difícil de definir con palabras pero que si pudieseis ver mi rostro, veríais como se dibuja una enorme sonrisa que nunca antes había tenido esa forma.

¡Orgullosos de nuestros alumnos!

En Bilbao Formación nos sentimos muy orgullosos de poder sentirnos parte de la historia de nuestros alumnos.

La historia de Olatz o los recientes casos de Svitlana o Jorge, nos da aún más energía para seguir trabajando por nuestros alumnos. Porque sus objetivos, son nuestros objetivos.

Tampoco nos olvidamos de las diferentes empresas, instituciones y organizaciones como Cruz Roja Álava, que posibilitan el desarrollo profesional y personal de nuestros alumnos. ¡Gracias!